Según van pasando los días, el tiempo corre demasiado deprisa y ya casi ni me da tiempo a sentarme dos minutos delante del ordenador para escribir algo.

Soy un poco como los niños, y quiero aprovechar el tiempo lo máximo posible para disfrutar de momentos en conjunto para escucharles, para verles, para disfrutar de ellos, porque después de tantos años trabajando con niños y jóvenes les veo pasar por el Encuentro, volver otro año y de repente, casi sin darme cuenta, ya son adolescentes y al siguiente año se convierten en adultos.

Es muy gratificante ver cómo aprenden, cómo evolucionan musicalmente y también lo que van madurando como personas. El mundo de la música nos une tanto que, a pesar de que en muchos casos sólo nos vemos un par de veces al año, no hace falta hablar para comunicarnos.

Se me acumula el trabajo y empiezan los tres días que más demanda de atención tienen nuestros chicos: nervios por cómo saldrán los conciertos y un poco de tristeza porque se acerca la despedida. Los que vienen por primera vez con los ojos brillantes expectantes por conocer cómo es este final estresante, los que ya lo conocen van viendo lo que se acerca y los que en esta ocasión es su último año porque ya han crecido demasiado (y no me refiero a la altura que también), intentando alargar el tiempo para que no llegue nunca el temido momento de “mi última noche, mi última comida, mi último Jonsuivisión, mi último concierto”…

De momento, mientras aprovecho para escribir estas líneas, ellos se divierten bailando en la fiesta de despedida disfrazados de los años 60 y 70: un último momento de relax y disfrute antes de nuestros conciertos de final del Encuentro.

¡Buenas noches!