Después de 9 años en Alba de Tormes con nuestro Encuentro Orquestal, hay muchas cosas que vamos mejorando, cambiando, o reestructurando para que todos estemos lo mejor posible durante estos 13 días de enclaustramiento y absoluta desconexión del mundo (y eso que tenemos móviles, pero no sabemos qué es lo que pasa ahí fuera).

A pesar de nuestros esfuerzos y de la imaginación que pone Alejandro cada año, hay algo que no conseguimos combatir, y es el calor sofocante que se acentúa en nuestra sala de ensayos donde todas las tardes nos juntamos 124 personas para tocar durante 3 horas.

Ventiladores de todos los tamaños distribuidos en lugares estratégicos, aparatos de aire con cubitos de hielo incluidos, nuestros inseparables abanicos, incluso telas por fuera de los muros del colegio para evitar que el sol se quede en las vidrieras.

Hemos probado de todo, de verdad, pero el calor sigue siendo complicado de atenuar, primero porque somos muchos, y segundo porque el tiempo está tan loco que no bajamos de 36 grados. Y claro, entre el cansancio, el calor y los nervios que empiezan a aflorar, empezamos a tener pequeños mareos y abandonos momentáneos de la orquesta para recuperar el aire y volver de nuevo al trabajo. 

Tendremos que buscar para el 2020 un buen patrocinador que nos ponga aire acondicionado en la capilla. Prometemos pago en forma de algún buen embutido de Salamanca o un concierto privado de nuestros grandes pequeños.

Esperemos que el “hombre del tiempo” o el “google del tiempo” no se equivoque, que las previsiones de bajadas de temperaturas se cumplan y podamos seguir sin más mareillos.

¡Buenas noches!