Estamos en plena siesta obligatoria antes de nuestro primer concierto y no se oye ni un suspiro por los pasillos. Todos somos conscientes de que hoy es un gran día y tenemos que demostrar todo lo que hemos trabajado, todo lo que hemos aprendido y todo lo que somos capaces de expresar con nuestros instrumentos.

Ayer también fue un día emocionante. Después de todo el día con ensayos orquestales terminamos la jornada con una velada diferente, era el día de los disfraces. En esta ocasión inundaron el patio un montón de romanos y romanas de todas clases: patricios, plebeyos, soldados, senadores, emperatrices, vestales, diosas.

No lo teníamos preparado pero la noche fue perfecta, nos acompañó la luna de sangre, Marte que se veía perfectamente, descubrimos Júpiter y Saturno (increíble ¿verdad?) y apagando las luces artificiales del patio nos encontramos un espectáculo celestial que solo se puede observar desde alta mar o desde Alba de Tormes.

Millones de estrellas, algunas fugaces a las que les pedimos que el próximo año volvamos a vernos y que todo salga igual de fantástico que en este 2018.

Los llantos de despedida ya empiezan a surgir y como me dijo una vez un gran sabio jonsuita: “Silvia, si lloras por una despedida, alégrate, es porque ha habido mucho cariño y has vivido felicidad.”

Y como yo también debo concentrarme, me disculpáis que voy a tomarme un ratito antes de la prueba acústica y el concierto de hoy a las 20:00 en el Museo Padre Belda del Colegio San Jerónimo.

Buen concierto a todos.